Un incendio estructural, se define como un evento adverso caracterizado por la presencia de fuego fuera de control que se origina y se propaga dentro de edificaciones tales como viviendas, locales comerciales, instalaciones industriales o infraestructuras públicas. Este tipo de emergencia puede presentarse en entornos urbanos, suburbanos o rurales, comprometiendo no solo la integridad de las estructuras, sino también la vida de las personas, los bienes materiales y el entorno.
Para el benemérito cuerpo de bomberos, un incendio estructural representa una situación de alta complejidad operativa, que requiere una respuesta inmediata, organizada y técnicamente coordinada, basada en protocolos de actuación, evaluación de riesgos, control de la propagación del fuego, ventilación, búsqueda y rescate de posibles víctimas, y posterior extinción total del siniestro.
Asimismo, este tipo de incidentes implica la aplicación de conocimientos en comportamiento del fuego, uso adecuado de equipos y herramientas, abastecimiento de agua, y trabajo en equipo bajo condiciones adversas como altas temperaturas, presencia de humo y posibles colapsos estructurales.


En este contexto, la labor bomberil no solo se enfoca en la supresión del incendio, sino también en la protección de la vida, la preservación de bienes y la reducción del impacto en la comunidad, reafirmando su compromiso con la seguridad, la prevención y el servicio oportuno a la ciudadanía.
